24 mar 2010

La petite mort


Botones obedientes, el ritmo lento de la cremallera, caricias que no piden permiso, cierro los ojos, la mente en blanco, en rojo, no, mejor en negro, puedo sentir cada centímetro de mi cuerpo, un susurro al oído, un beso en el cuello, mi piel se pone en guardia, un beso repasa mis labios, mi lengua investiga, lo saborea, zigzaguea humedad en mi pezones, los bordea, los pellizca con suavidad, adivina unos labios bajando por mi vientre despacio, recreándose en mi ombligo, posándose dulcemente sobre mis braguitas, millones de partículas bullen dentro de mi, un suave roce avanza por el interior de mi muslo, complice de mis deseos se cuela entre mis piernas, me acaricia, me hace estremecer, mi excitación se desborda, muerdo el labio inferior, mis manos apresan las sábanas, aprieto las nalgas, suspiro entrecortadamente, me entrego a la más bella agonía, siento que voy a explotar, el blanco lo inunda todo, solo escucho un lejano tic tac, estoy flotando, ¿cuánto tiempo llevo aquí?, veo una puerta, se abre, siento un hormigueo, algo me empuja hacia ella, es el latido de mi corazón, VEN AQUÍ, ABRÁZAME.

No hay comentarios:

Publicar un comentario